Mismo producto, distintos precios: de qué se trata el proyecto contra el “impuesto rosa”

¿Por qué un mismo producto de igual marca vale más si su envoltorio es color rosa? La respuesta es: porque se trata de un producto hecho especialmente para mujeres, un fenómeno llamado “impuesto rosa”. 

La desigualdad de género en el mercado volvió a establecerse en el Congreso de la Nación, ya que, la pasada semana, la senadora oficialista e impulsora de #NoAlImpuestoRosa, Nora Giménez, presentó en la Cámara Alta un proyecto denominado “Ley de Equidad de Género en los precios de bienes de consumo” a fin de eliminar este sobreprecio.

Se trata de un reclamo feminista liderado por la asociación Ecofeminita que lleva años en la Argentina y hoy toma la forma de esta iniciativa parlamentaria, cuya presentación se realizó en el salón Eva Perón del Senado. Allí estuvieron presentes la presidenta de la Banca de la Mujer, senadora por San Luis, Eugenia Catalfamo (Unidad Ciudadana); la presidenta de la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados, Mónica Macha (FdT); la doctora en Economía, Mercedes D’Alessandro, la representante de la Asociación Civil Ecofeminita, Candelaria Botto; y la secretaria de Mujeres Género y Diversidades de Salta, Itatí Carrique.

En concreto, se propone una modificación del Art. 8 Bis de la Ley 24.240 – Defensa del Consumidor, que ampara el trato digno del consumidor/a. Con esto, se busca darle el mismo marco legal y consecuentes sanciones a quienes cometan esta discriminación tarifaria, tal como sucede con el resto de los abusos hacia el consumidor.

La senadora destacó el rol del Estado en lo que respecta a la aplicación de la norma y opinó que “no podemos mirar más para los costados en esta difícil situación económica”.

¿Qué es el “impuesto rosa”?

Este concepto es figurativo, ya que el sobreprecio que existe en los productos hechos para mujeres no es un impuesto sino una decisión discriminatoria del mercado, incluso cuando el costo de producción es el mismo que el producto para varones. Para ejemplificar puede evocarse el caso de las maquinitas para afeitar, cuya versión en color rosa es exactamente igual a las de hombres y, sin embargo, su coste es mucho mayor.

Este concepto proviene de Estados Unidos, originado en la década del 90 e instalado por la Dirección de Asuntos del Consumidor a fin de generar conciencia de la diferencia injustificada que pagan las mujeres en algunos productos. 

Según un informe de Focus Market llamado “Impuesto Rosa Argentina”, tras haber relevado 515 puntos de venta en base a 14 productos, en el año 2022 la diferencia que pagan las mujeres respecto a los hombres es del 12,5% (en 2021, fue del 11%). Además, los productos señalados por la mencionada consultora con mayor diferencia de precios son: el eau de toilette para mujer sale un 20% más que el de varones; la máquina de afeitar para mujer, un 11% más; y la colonia para niña supera en más de un 8% el precio de la de varones. Sólo por dar reducidos ejemplos.

Para contextualizar, debe tenerse en cuenta que las mujeres tienen menos acceso a empleos formales y puestos de mayores jerarquías que les permita acceder a un poder adquisitivo mayor (feminización de la pobreza y techo de cristal), también suelen ganar menos dinero que un hombre por el mismo trabajo (brecha salarial), por lo que el “impuesto rosa” se suma a este cóctel de precarización ratificando y aumentando las desigualdades entre géneros.

Lo femenino como excepción

Tal como Candelaria Botto explicó durante la presentación del proyecto en el Palacio Legislativo, el “impuesto rosa” sucede porque “el producto original está pensado para varones. Esto no sucede sólo en la producción y comercialización, sino que tiene que ver también con nuestra propia interpretación y creación de la realidad”.

Con esto Botto se refería a que “vivimos en un mundo hecho por y para varones”, por lo que muchos productos fueron creados para hombres y, como excepcionalidad y como producto especial, se creó luego uno para mujeres. Sin embargo, este producto especial conlleva el peso de ser un bien producido de manera alternativa, aumentando así su valor en el mercado.

“Venimos justamente a decir que esto se terminó, que vamos a construir una sociedad nueva y más igualitaria”, expuso Botto. Y agregó: “Celebramos la iniciativa de políticas públicas que buscan achicar y en el horizonte eliminar las brechas de género”.

Este fenómeno tiene, a su vez, “casos más extremos como el de los productos de gestión menstrual, que son productos específicamente hechos para mujeres y cuerpos menstruantes”.

Sin embargo, estas lógicas machistas en la producción de bienes “empiezan a resquebrajarse cuando las mujeres entran en los espacios de producción de estos productos y en posiciones de toma de decisiones”. 

Finalmente, la ecofeminita llamó a racionalizar que “hay aportes que hacemos las mujeres que no tienen ningún tipo de remuneración”. “Todavía se escucha cuando preguntan si una mujer trabaja, responden que ‘no, es ama de casa’. Pero en realidad esa mujer está trabajando 24/7 los 365 días del año”, expuso.  Y finalizó: “Según estudio de la Dirección de Economía y Género se sabe que este aporte es del 16% en el total de la economía y vamos dando esos pasos de visibilización para la transformación”. 

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